Si se calla el Poeta… Poesía, espanto y horror en la Memoria de Salta

cuando el poeta calla

¿Se imaginan que sentiríamos si nos dijeran que Pablo Neruda trabajó como vocero de prensa para Pinochet y que escribía los discursos que el dictador daba en actos públicos?
¿Se imaginan que sentiríamos al escuchar a la hija de Rodolfo Walsh contar que su padre trabajaba en prensa del Estado y que le escribía los discursos a Videla?
Claro que no. Sabemos que el gran Pablo Neruda combatió desde la poesía y la política la dictadura de Pinochet en Chile y Sabemos que el escritor y periodista Rodolfo Walsh escribió en 1977 una carta abierta denunciando el genocidio que estaba llevando a cabo la Junta Militar con Videla a la cabeza y fue asesinado por oponerse al gobierno de facto.


Se me da muy bien hurgar en el pasado, y algo llamó muchísimo mi atención, no porque ignorara el comprometido y valiente papel de los poetas en la reconstrucción de la Memoria tras la última dictadura cívico militar y eclesiástica en Salta, sino porque supe de un personaje de la literatura salteña, que goza de cierto prestigio en esta provincia, Walter Adet, reconocido escritor y periodista.


Hace poco más de diez años el fallecido Adet (quien se suicidó en 1992) fue “agraviado” por un colega, según sus hijos quienes inmediatamente respondieron de manera contundente a la acusación de “colaboracionista con la dictadura” que le hicieran públicamente al poeta en 2008.

walter Adet y el gobernador Ulloa de Salta
walter Adet y el gobernador Ulloa de Salta


Sin embargo confirmaron que su padre trabajó desde antes de 1976 en la Oficina de Prensa para la gobernación de Salta (recordemos que el golpe de Estado fue en marzo de 1976) y que siguió haciéndolo incluso durante el gobierno de Roberto Augusto Ulloa, militar elegido para ese cargo por el mismísimo Jorge Rafael Videla en 1978.


Más allá de pretender juzgar a Walter Adet por su desempeño en un área tan sensible como lo es la comunicación, más aún cuando se trata de un gobierno defacto, el hecho en sí, me lleva a reflexionar sobre la ética del accionar del poeta en el desarrollo de una profesión como la del periodista, siendo un agente del Estado durante la última y más cruenta dictadura genocida en nuestro país.


Familiares defendieron al poeta y criticaron al historiador que opinó que Adet fue un “colaboracionista” de la dictadura en su provincia.
Su hija Raquel Adet, (miembro de la Asociación por los Derechos Humanos “Coca Gallardo” en Salta y docente de Historia) en defensa de su padre manifestó ante medios locales;
“… Porque en cumplimiento de su tarea como periodista, empleado sin ninguna jerarquía de la Oficina de Prensa de la gobernación, debió redactar artículos o discursos con motivo de inauguraciones, festividades, fechas patrias, etc., que debían leer los funcionarios en los actos oficiales. Trabajo con el que mantuvo a su familia desde mucho antes del golpe del 76. Este miserable obsecuente de los políticos de turno que en vida de mi padre no se hubiera atrevido ni a sostenerle la mirada, se permitió, micrófono en mano, menoscabar su integridad…”. (Salta 21 -3 de octubre de 2008).


También en el mismo diario publicaron el descargo de otro de los hijos de Walter Adet;
“… Ladran Sancho, señal que hay perros, diría mi tata parafraseando a medias El Quijote, y miraría con triste ironía a esta bandita de pusilánimes mercenarios, los mismos que otrora no se hubieran atrevido a respirar fuerte ante su presencia, hoy creen que van a ensuciar canalla y cobardemente la memoria de un hombre digno, el hombre más digno y valiente que he conocido…”.(Salta 21 -3 de octubre de 2008).
Lo que es seguro es que a partir del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, en Salta secuestraron y asesinaron a muchos escritores y periodistas incluso poetas amigos o allegados a Walter Adet. Mientras que él gozó durante esos años del raro privilegio de la seguridad, para otros colegas suyos hubo solo censura, tortura y muerte o con suerte , exilio.
Es verdad que Adet no está para defenderse, pero están sus hijos, y algunas de sus declaraciones son por lo menos “inquietantes”. Por ejemplo; “Este miserable obsecuente de los políticos de turno que en vida de mi padre no se hubiera atrevido ni a sostenerle la mirada…” y “…Los mismos que otrora no se hubieran atrevido a respirar fuerte ante su presencia…”. Estos dos frangmentos que de ninguna manera fueron sacados de su contexto, develan a simple vista, cierta autoridad ejercida por parte de Walter Adet hacia sus colegas, más que respeto ¿Adet infundía miedo?.

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